El comunovirus

Jean-Luc Nancy

Un amigo hindú me hace saber que en su país se habla de "comunovirus". ¿Cómo no haberlo pensado?
¡Es la evidencia misma! Y qué admirable y total ambivalencia: el virus que viene del comunismo, el virus que nos comuniza. Hete aquí que es mucho más fecundo que el irrisorio corona que evoca viejas historias monárquicas o imperiales. Por otra parte, sirve para destronar, cuando no decapitar, al corona, por lo que debe emplearse el comuno.
Es realmente lo que parece hacer según su primera acepción, puesto que proviene, en efecto, del país más grande del mundo cuyo régimen es oficialmente comunista. No lo es sólo a título oficial. El presidente Xi Jimping declaró que la gestión de la epidemia viral demuestra la superioridad del "sistema socialista con características chinas".
Si el comunismo consiste esencialmente en la abolición de la propiedad privada, el comunismo chino consiste -desde hace una decena de años- en una cuidada combinación de la propiedad colectiva (o estatal) y de la propiedad individual (de la que, no obstante, está excluida la propiedad de la tierra). Esta combinación, como se sabe, permitió un crecimiento notable de las capacidades económicas y técnicas de China, así como su papel mundial. Aún es demasiado pronto para saber cómo designar la sociedad producida por esta combinación. ¿En qué sentido es comunista y en cuál introdujo el virus de la competencia individual, incluso su sobrepuja ultraliberal?

Miguel Soler


"A quienes están hoy estudiando me permito decirles: no se conformen con aprobar sus personales exámenes ni con conquistar sus codiciados y merecidos títulos. No ahoguen sus dudas en cualquiera de las formas del éxito; movilícense en busca de respuestas, piensen en cómo poner los saberes adquiridos a disposición de un país que los necesita, desesperadamente, para brindar sus frutos a esa tercera parte de nuestra población a la que hemos dejado a mitad de camino. No se culpabilicen, pero eviten caer en las tentaciones de una sociedad planetaria que nos necesita enajenados, competitivos, egoístas, buenos consumidores y, sobre todo, distraídos"
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Falleció este miércoles en Montevideo a los 99 años el maestro Miguel Soler (Barcelona 1922), creador de las denominadas misiones socio pedagógicas, experto en educación de adultos y uno de los creadores de la Ley de Educación 18.467.
Siendo muy pequeño, en 1926, emigró a Uruguay con sus padres. Hizo todos sus estudios en la educación pública -la que reivindicó siempre- y en 1939 se graduó de maestro. En 1947 fundó, junto a otros colegas, la Federación Uruguaya de Magisterio (FUM) y fue uno de los redactores de los programas de estudio para las Escuelas Rurales en Uruguay junto a Julio Castro, con quien trabó una gran amistad, que lo llevó a participar activamente, luego de su secuestro y asesinato durante la dictadura, en el esclarecimiento del crimen.
Organizó y dirigió en 1954 el Núcleo Escolar Experimental de La Mina, una experiencia coordinada con otros organismos que tenía como objetivo luchar contra el aislamiento en zonas despobladas. Renunció al proyecto en 1961. Posteriormente trabajó para la Unesco.
Durante la dictadura (1973-1985) se vió obligado a exiliarse en su tierra natal. Realizó trabajos en Argentina y Nicaragua como consultor de la Unesco y regresó a Uruguay, donde integró la comisión redactora de la Ley General de Educación 18.467. Fundó el Grupo de Reflexión sobre Educación, integrando el Movimiento de Educadores por la Paz. Colaboró, además, con el programa de Extensión de la Universidad de la República.

Academia Nacional de Letras Uruguay


El panorama mundial transformado por la pandemia del 2020 también genera reacciones poéticas desde todos los rincones, voces que indagan en la condición humana bajo estas nuevas y duras circunstancias.
El poeta uruguayo Ricardo Pallares presentó hace pocos meses su obra “Otro resplandor” mediante la web de la Academia de Letras de Uruguay.
Les invitamos a estas páginas de madura lucidez y larga trayectoria literaria, que nos acompañarán más allá del presente.

Academia de Letras | Ricardo Pallares